El Regreso
del Hombre de Sal

PREFACIO
Durante
miles de años, los hombres de
sal gobernaron el mundo.Con
el advenimiento de la
civilización moderna los hombres de sal comenzaron a disminuir hasta
casi
desaparecer en la actualidad. En su lugar surgió el hombre
“civilizado”,
altamente refinado y educado: el hombre de azúcar o sweet man.
Los sweet men, crearon un nuevo orden
mundial. Crearon una magnífica
civilización altamente refinada y analítica. Actualmente los sweet men
controlan el mundo. Los encontramos gobernando naciones, liderando las
grandes
religiones, como rectores de reconocidas universidades y encabezando la
medicina y el mundo científico.
Casi no quedan hombres de sal. Tal vez
haya algunos en remotas tribus
africanas o en diminutas aldeas perdidas en las grandes montañas.
Pertenecen a
otro tiempo. Si por casualidad encontramos uno de estos magníficos
hombres o
mujeres, su sola presencia nos inspira un poderoso respeto. Son
admirables. Son
seres majestuosos de una solidez absoluta. Nos les interesa destacarse
ni
llamar la atención.
Son concientes de su valor y grandeza y
saben, que tarde o temprano
grandes masas humanas acudirán a ellos en busca de
orientación.
Saben esperar. No tienen apuro, porque
son eternos. Poseen un poder
silencioso como el agua oceánica. No creen en la competencia. Para
ellos
competir es absurdo, porque son invencibles. Pero se esfuerzan en estar
a la
altura de su grandeza. No se corrompen ni renuncian a sus principios.
Se ocupan
de preservar la vida. Saben que la mayor ganancia es la vida en su
máxima
dimensión.
Hasta hace unos 500 años había muchos
hombres de sal. Eran grandes
hombres y mujeres.
Tenían un profundo sentido del honor y
tenían palabra. Cuando un hombre
de sal hacía una promesa, prefería morir antes que faltar a su palabra.
El hombre antiguo y el hombre moderno.
El hombre de sal y el sweet man.
Los tiempos han cambiado. Los sweet men tienen muchos problemas. El
mundo es
ahora mucho más complicado. El hombre de sal es ahora, más necesario
que nunca.
Ahora es la era dorada de los sweet men.
Son muy refinados y educados,
pero en general adolecen de una cierta fragilidad física.
Tienden al sobrepeso y son muy
temerosos. En general se los ve cansados
porque se esfuerzan mucho. No descansan bien durante las noches, ya que
con
frecuencia tienen pesadillas. Le temen al frío, al stress, a los
gérmenes y al
cáncer. Tanto es su temor a los microbios, que entre ellos surgió un
tipo
particular llamado hombre farmacia.
Como los sistemas inmunes de los sweet
men son tan frágiles, los
microorganismos están en su mejor época. Por otra parte la sangre
azucarada
crea condiciones óptimas para su proliferación. Por ello el hombre
farmacia
trabaja intensamente en una guerra eterna contra los microbios. El
sweet man
lucha angustiosamente contra otras amenazas. Por eso no es feliz. Cree
firmemente que la vida es una guerra sin fin. Por ello no tiene paz.
Lucha
contra el cáncer, contra el sida, contra la pobreza, contra la
inflación,
contra la violencia, contra las drogas. A pesar de extenuantes
esfuerzos sus
victorias son efímeras y los
resultados desalentadores. Los sweet men no dan más. Están agotados de
tanto
trabajar por problemas que ellos mismos han creado.
Mientras tanto los hombres de sal
esperan impasibles, en las lejanas
montañas el momento de entrar en acción. Saben que no deben imponerse,
sino
esperar a que los sweet men acudan a ellos en busca de consejo.
Últimamente
algunas decenas de personas acudieron a ellos en busca de orientación.
Ellos tienen
las claves para la convivencia saludable de los seres humanos. Como
llevan en
su sangre la fuerza sagrada de los mares poseen la sabiduría de todas
las eras.
El mismo mar que golpea los acantilados
lo hizo hace 100 millones de
años. El mismo fluido ha permanecido inalterado. Y los hombres de sal
llevan
esa fuerza de los mares en su sangre, porque su sangre es un poco
salada. El
sweet man le teme a la sal. Cree que si la toma morirá casi
instantáneamente.
Se conforma con unos cristales blancos de aspecto parecido a la sal,
pero de un
sabor extremadamente dulce.
Y se ha vuelto adicto a tal punto que
endulza su primer comida, apenas
despierta cada mañana. Su insuficiencia nutricional lo lleva a buscar
desesperadamente fuentes ricas en proteínas o bien toma suplementos
vitamínicos
artificiales. Surge así el hombre hamburguer y el hombre suplemento que
lleva
siempre en su bolsillo píldoras de vistosos colores.
Esta forma artificial de nutrirse lo
vuelve inestable emocionalmente lo
que frecuentemente determina que el sweet men deba tomar
tranquilizantes para
poder sobrevivir.
Mientras tanto el agua oceánica sigue
golpeando los acantilados, sin
prisa, sin angustia conciente de su grandeza y de su misión de
preservar la
vida en su más alta expresión.
El hombre de sal continúa trabajando
confiadamente feliz sabiendo que
pronto tendrá grandes responsabilidades cuando tenga que bajar de las
montañas
y acudir en ayuda del sweet man. Algunas personas llaman macrobióticos
a los
hombres de sal. Este libro trata sobre la macrobiótica, una forma de
vivir que
busca rescatar las prácticas ancestrales de los hombres de sal. Tal vez
algunos
sweet men deseen convertirse en hombres de sal. Es bastante difícil,
pero es
posible.
Este
libro le dirá cómo hacerlo.

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