Introducción

La macrobiótica es conocida en el mundo entero como una dieta capaz de curar diversas patologías. Y verdaderamente funciona, ya que miles de personas se han restablecido "milagrosamente" de trastornos diagnosticados como incurables. Todo ello aconteció desde que Georges Oshawa un filósofo japonés la introdujo en Francia en la década de 1950.

A partir de entonces, su fama se extendió por el mundo entero y tiene muchos entusiastas particularmente los que han experimentado una recuperación impactante de su salud física y mental. Sin embargo la idea de que alimento y salud están íntimamente relacionadas, no es originaria ni de Oshawa ni de los japoneses. Todas las grandes culturas han manifestado a través de notables exponentes a lo largo de la historia, esta incuestionable vinculación. Tanto en oriente como en occidente, notables médicos de la antigüedad han señalado que el alimento correcto es el comienzo de todo tratamiento curativo. Lo que Oshawa hizo fue simplemente darle un poderoso impulso, actualizado y sistematizado, a este concepto de importancia capital no sólo para la salud sino para la supervivencia de la especie humana.

En la actualidad, grandes maestros de la macrobiótica, discípulos de Oshawa como Michio Kushi, han recopilado enorme cantidad de evidencia médica y la han presentado a las grandes organizaciones sanitarias de EEUU. Al principio la Asociación Americana del Cáncer no tomó demasiado en serio estas evidencias, pero luego de 50 años de persitente acopio de historias clínicas tuvieron que admitir que la macrobiótica funciona. Actualmente el gobierno norteamericano está financiando planes médicos de investigación sobre las extraordinarias reversiones de cáncer pancreático y de otros tipos. La resistencia inicial, se convirtió finalmente en apoyo y esto está contribuyendo poderosamente a la aceptación enorme que la macrobiótica está teniendo en Europa y EEUU.

A los 16 años comencé a practicar macrobiótica y comprendí que no solo es poderosa a la hora de curar sino que además provee un estado de exuberancia vital física y mental. Luego de graduarme como médico he presenciado curas maravillosas y cambios de actitud vital. Cuando nos curamos profundamente nos volvemos felices. El problema de la enfermedad está resuelto. Y también el problema de la felicidad. Sólo hay que practicarla con seriedad y entusiasmo, perseverando sólidamente hasta que lleguen los resultados deseados. Requiere esfuerzo, pero todo en la vida, que realmente valga la pena requiere de nuestro esfuerzo. En mi opinión, el fin último de la macrobiótica no es la curación de la enfermedad; la cura de la enfermedad es fácil, si se comprende bien su práctica y principios. El verdadero propósito de la macrobiótica, es mucho más ambicioso. Busca el desarrollo de la vitalidad física y mental hasta su punto más alto; hasta niveles que jamás soñamos. Podríamos hablar de este estado como supersalud. En este estado se experimenta una fuerza casi sobrehumana, un impulso gigantesco por realizar un formidable trabajo y un estado exuberante donde la fuerza vital explota con una intesidad difícil de soportar. Es algo adictivo. Una vez que esto se experimenta, uno desea volverlo a sentir y lo da todo para mantener este "status vital".

Creo que hemos venido a este mundo a triunfar. Todos tenemos un sueño o metas que deseamos alcanzar y estamos dispuestos a cualquier sacrificio para poder lograrlas. Si queremos triunfar, necesitamos una vitalidad enorme. Si nuestra vitalidad es pobre o si estamos enfermos será muy difícil lograr nuestro sueño aunque luchemos 40 o 50 años con todas nuestras fuerzas. En la vida hay que esforzarse, pero si tenemos una poderosa fuerza vital nuestro éxito y felicidad estarán asegurados. No hay nada más hermoso que una salud poderosa. Debemos ocuparnos ante todo, 24 horas la día, de lograrla y luego, todo en la vida será mucho más fácil. Si nuestra salud es frágil o inestable todo parecerá difícil y penoso; los logros serán lentos y trabajosos y la existencia será infeliz. La salud ante todo; es lo primero . Luego podremos ocuparnos de otros temas. La macrobiótica se ocupa de la salud, nos enseña cómo alcanzar en pocas semanas una supersalud.

Por lo tanto su práctica no está dirigida sólo a los enfermos, sino al publico en general, a todo aquel que desee fervorosamente lograr una salud intensa y luminosa. La macrobiótica no tiene poder; el arroz integral no tiene poder ninguno . El poder más ilimitado inunda la creación . Estamos rodeados de una fuerza super poderosa, porque todo el universo es fuerza vital en acción. El poder está ahí, como el aire; solo debemos tomarlo. La macrobiótica es una técnica médica para inundar nuestro cuerpo con esta superfuerza, y el arroz integral y otros alimentos son solo los instrumentos o herramientas para cristalizar esta realidad. Esta gigantesca fuerza vital debe fluir espontáneamente en nuestra vida, sin ningún esfuerzo penoso. Así como el aire fluye por nuestro aparato respiratorio sin que casi lo notemos, la superfuerza vital debe fluir por nuestros vórtices energéticos en cantidades ilimitadas. Si tuviéramos esta salud poderosa, nada sería imposible para nosotros. Se trata de un poder real, no de sugestión.

¿Qué es la fe? La fe es poder. La salud es poder; por eso la salud más poderosa produce la fé más potente. Muchas personas desean curar a otros y buscan todo tipo de técnicas para curar; desde cirugía hasta hierbas medicinales. Muchos buscan una supertécnica espritual, energética o biológica que pueda curar a los enfermos que sufren y a su vez los enfermos rezan para que pronto alguien le pueda aplicar la técnica que lo salve. Ninguna técnica aplicada exteriormente cura difinitivamente. Ningún enfermo se cura pasivamente entregando su confiaza a un curador. El enfermo debe aprender a curarse y debe trabajar para aprender cómo captar las gigantescas fuerzas curativas que nutren el universo . El terapeuta debe hacer ver al enfermo su mala conducta, su ignorancia y mostrarle cómo debe curarse . No se le debe dar pescado, sino eneñarle a pescar. Una vez que el enfermo aprende cómo captar la fuerza vital, se hará cada vez más fuerte y tendrá cada vez más salud. Y agradecerá eternamente a su terapeuta o médico que le enseñó el secreto de crear salud . Ese es mi concepto sobre el arte de curar; esa es la intención de la macrobiótica, enseñar al mayor número posible de personas cómo fortalecer su salud y por ende su capacidad de ser felices. Para curar a toda la humanidad, debemos comenzar por nosotros mismos.

Martín Macedo. Abril 22 de 2005